La comisión de la Ley Electoral, estudia la propuesta de Escaños en Blanco.

La ponencia presentada por el Partido Escaños en Blanco (que adjuntamos) fue realizada este Lunes 1 de Julio y a ella asistieron todos los grupos parlamentarios de la comisión. En la misma el partido Escaños en Blanco expuso sus motivos para reclamar la necesidad de una ley electoral propia que recoja el derecho a votar a nadie y que ese voto tenga representación parlamentaria en forma de escaño vacío.

Recordamos que el Partido Escaños en Blanco propone que el voto en blanco sea tenido en cuenta como una candidatura más y que los resultados que obtenga queden reflejados en forma de escaños vacíos. Hasta que esa reforma legislativa no se apruebe, el partido se presentará a todas las elecciones con el objetivo de hacer práctica esa demanda, dejando vacíos los escaños obtenidos y renunciando automáticamente a todo tipo de sueldo o subvención que ese escaño ocasione.

COMPARECENCIA 1 de Julio 2013
EXPOSICIÓN DE MOTIVOS PARA UN VOTO EN BLANCO REPRESENTADO

A LA COMISIÓN PARA LA ELABORACIÓN DE LA
LEY ELECTORAL DE CATALUNYA

Ponente: Joan Ramón Serra (Eb Catalunya)

En primer lugar queremos agradecer a los ponentes de esta comisión que hayan aceptado la comparecencia de nuestro partido para exponer nuestras peticiones de cara a conseguir una ley electoral catalana suficientemente satisfactoria para la ciudadanía de Catalunya.

Como continuación de la carta dirigida a todoslos ponentes el día 8 de abril, y que ha dado lugar a esta comparecencia, queremos hacer llegar a los Sres. Diputados del Parlament las convicciones que han llevado a Escaños en Blanco a presentarse como proyecto con diferentes nombres desde el año 2002 y que hacen referencia al ejercicio del voto en blanco en las contiendas electorales. Un voto democrático, legítimo, válido y que computa en los resultados electorales pero que lo hace de una forma perniciosa como pasaremos a exponer a continuación.

Ante todo queremos poner especial atención al hecho que Escaños en Blanco no ha venido aquí a hablar de política, pues nosotros no somos políticos ni lo pretendemos ser. Hemos venido a hablar de democracia con el ánimo de obtener un máximo desarrollo de ésta con todos los beneficios que supondría este hecho para la ciudadanía. Independientemente de la aceptación o rechazo de nuestras pretensiones, queremos advertir a los Sres. Ponentes de la extrema necesidad de disponer de una ley electoral propia, nueva, moderna y adecuada a un s.XXI que se está caracterizando por una creciente desafección ciudadana hacia la participación electoral, con una clara tendencia del electorado a la renuncia al ejercicio del derecho a un sufragio universal recuperado después de muchas décadas de oscuro autoritarismo. El sufragio universal, derecho que ha resultado a lo largo de la historia tan caro de obtener, presenta hoy en día graves carencias representativas que lo alejan cada vez más de la ciudadanía de tal manera que si continuara incrementándose la desmovilización del electorado se acabaría poniendo en entredicho la propia legitimidad y representatividad institucional tal como se encuentra configurada hoy en día.

Conocemos perfectamente los fracasos anteriores en el intento de formular una ley electoral para Catalunya, principalmente motivados por inamovibles posturas de los partidos políticos a los que un modelo concreto podría beneficiar o perjudicar en sus objetivos electorales. Pero señores, ¡¡no estamos hablando de la factura del teléfono que sometemos a un vendedor para que nos diga qué compañía nos es más beneficiosa!! Ahora tienen la oportunidad de hacer un ejercicio de responsabilidad legislativa y por eso hacemos un llamamiento a vuestra generosidad y flexibilidad en las negociaciones.
Redactar un reglamento electoral es fácil, pero aceptar cambios en las reglas del juego que, potencialmente, podrían hacer peligrar vayan Vds. a saber cuántos cargos electos ya cuesta más. No hay ninguna duda que el peso de los aparatos de los partidos puede ser determinante a la hora de tomar decisiones, pero creemos que ahora es un buen momento para haceros memoria que miles de ciudadanos de Catalunya, cada vez más, ya no desean participar en un juego electoral en el que ya no creen, o que expresan su descontento en forma de voto en blanco, nulo o a la formación que hoy comparece en esta sede parlamentaria.

En nuestra democracia, el voto es un acto cívico de la mayor importancia e íntimamente relacionado con el espíritu de ciudadanía y la voluntad de convivencia que se traduce en el compromiso de cada uno de los votantes, y refleja la legitimidad popular de cada uno de nuestros cargos electos. Un fuerte y simbólico compromiso que intenta combatir las amenazas a la cohesión de nuestra sociedad, que son múltiples. A nuestro parecer la democracia es una forma de organización política y social que se tiene que defender mediante su mejora constante, puesto que el inmovilismo sólo conlleva su retroceso. El desarrollo democrático logrado desde la posguerra mundial asentó unas bases de relación democrática que vagamente se han modificado desde entonces por lo que respecta a su funcionamiento. Y creemos que setenta años de inmovilismo democrático son un ejemplo claro de la necesidad de reformas que aumenten la representatividad y participación ciudadanas.
El derecho a voto se tiene que estimular y valorar, y es la ley electoral la que permite expresar a través de las urnas la elección de cada uno de nosotros. Nuestra propuesta se basa en implementar una opción ya recogida en legislación electoral como es el voto en blanco, y darle un nuevo sentido de representatividad que cumpla con una demanda ciudadana cada vez más evidente en vista de los resultados electorales.

En los sistemas electorales que conocemos hoy en día, la ausencia de la representatividad visible del voto en blanco trae dos consecuencias básicas:

– En primer lugar la sensación por parte del electorado de ver sus inquietudes recortadas a las opciones existentes representadas en las listas proclamadas para cada contienda electoral. Esta sensación se ha visto aumentada a partir de la última reforma de la LOREG 2/2011 que limita las listas proclamadas a aquellas que puedan presentar un 0’1% del censo electoral de cada circunscripción. Si bien esta reforma se argumentó bajo el pretexto de un ahorro en el gasto de los procesos electorales, sólo tendría lógica democrática si incluyera la posibilidad de emitir un voto que expresara la disconformidad con las opciones presentadas, pero al tiempo asegurara la visibilidad representativa de este voto. Esta forma de expresión sería el voto en blanco representado. Hay que decir, no obstante, que este argumento de ahorro de recursos nos parece muy pobre a la vista de los gastos y subvenciones electorales que asumen año tras año los partidos políticos tradicionales en las diversas contiendas electorales.

– La segunda consecuencia es la radicalización del voto de quienes quieren participar en el sistema democrático haciendo visible su voto de protesta pero que al no encontrar una opción que los representa acaban recurriendo a opciones populistas si no xenófobas, no por coincidir con sus principios ideológicos sino por representar valores opuestos al mensaje institucional oficial. Más recientemente hemos podido ver como la desesperación del electorado ha llevado a parlamentos europeos experimentos electorales como el movimiento 5 *Stelle italiano. Esto ocurre cuando el ciudadano persiste en su voluntad de participación, puesto que lo más habitual es que el desaliento y la falta de confianza en el sistema de representación acabe expulsando la ciudadanía hacia la abstención. Demasiado a menudo hemos sentido con una gran vergüenza ajena cuando se esgrime aquel principio que dice que la abstención es síntoma de conformidad de la ciudadanía.

Algunos de los miembros de formaciones presentes al Parlamento ya se han expresado favorables a la inclusión del voto en blanco representado en el sistema electoral de nuestras instituciones de gobierno. El Sr. Joan Herrera se manifestó favorable en una entrevista en noviembre del 2010, y el Sr. Albert Rivera se ha referido en varias ocasiones, incluso lo recoge como uno de los puntos de su programa electoral. Varias personalidades del mundo político y académico han hecho declaraciones favorables, como el Sr. Miquel Roca Junyent que en una entrevista en El País del 4 de agosto de ahora hará un año respondía a la pregunta de qué propuesta introduciría a la política: “Que el voto en blanco tenga representación parlamentaría, que el chasco se haga visible con una pila de escaños vacíos que, además, obliguen [a los partidos] a pactar”. O desde el mundo académico la difundida postura del catedrático de sociología por la universidad de Berkeley, Sr. Manuel Castells que en el contexto de las conferencias organizadas por el movimiento del 15-M elaboró una propuesta de reforma de ley electoral que recogía la visibilidad del voto en Blanco en forma de escaños vacíos.
Estas declaraciones no son fruto de la iluminación divina, puesto que es un tema recurrente y bastante estudiado dentro de la ciencia política y que incluso algunos países ya recogen brevemente en su legislación. Países como Colombia, donde la obtención de una mayoría de voto en blanco significa la automática repetición de los comicios y sustitución de los candidatos. Esta fórmula, no obstante está pensada para elecciones unipersonales y no se adaptan a nuestro sistema de democracia representativa con cargos de elección indirecta.

Cuatro son los argumentos generales que nos mueven a pedir que la futura ley electoral catalana incorpore nuestra propuesta:

1. Se trata de una medida que contribuirá a reforzar nuestro sistema de representación política. A día de hoy, a nadie se le escapa la existencia de una creciente y cada vez más arraigada desafección por parte de la ciudadanía respecto a la política y a los políticos. El incremento del voto en blanco y multitud de encuestas y estudios de opinión, por no hablar del crecimiento de una formación como Escaños en Blanco, son una prueba evidente. Este hecho, pero, a pesar de resultar alarmante, podría convertirse en una preocupación menor si la desafección hacia los políticos acaba derivando en desafección hacia el propio sistema. Cuando un ciudadano descontento con la manera de hacer política de sus representantes y que no encuentra ninguna opción política que lo satisfaga (cosa cada vez más frecuente), se ve abocado, elección trás elección, hacia el abstencionismo, a ejercer el voto en blanco o a tener que resignarse a votar por el menos deficiente, es fácil que acabe pensando, fruto de su frustración, que el problema no son tanto las personas como el propio sistema. Llegados a este punto, el terreno se encuentra adobado para el crecimiento de propuestas populistas, extremistas o, en el peor de los casos, directamente totalitarias y antidemocráticas. Ofrecerles, por el contrario, una vía para poder canalizar y mostrar su insatisfacción de forma inequívoca y concreta, sin duda ayudaría a evitar caer en una dinámica tan perversa. El verdadero problema, está claro, permanecería sin resolver, pero es de suponer que todas estas personas verían con mejores ojos un sistema democrático que los reconociera y garantizara el derecho a hacer visible su descontento mediante la no representación. Desde nuestro punto de vista, pues, la creación de un tipo de voto específico y exclusivo, computable y traducible en forma de escaños vacíos, se tendría que interpretar como una forma de fortalecer, de hacer más robusto nuestro sistema de representación política, nunca como (fruto de un análisis poco riguroso y demasiado precipitada) la apertura de una vía que se quiera utilizar para boicotear o impedir el correcto funcionamiento de las instituciones democráticas.

2. Servirá para presionar los representantes políticos y sus partidos a la hora de desarrollar su trabajo al servicio de la población. En realidad, el problema de desafección del cual hablamos es tan grave como fácil de resolver. Se trata simplemente de ir creando estructuras que incrementen el grado de participación ciudadana e implementando mecanismos que aseguren niveles de control y transparencia cada vez más elevados. La gran dificultad radica, pero, en tener que esperar que aquellos quienes han creado el problema, aquellos quien se benefician, sean quienes tengan que encontrar la solución. Es evidente que les costará mucho más decidirse si no se sienten bastante presionados. Se podría pensar que debería resultar suficiente con las auditorías que, en forma de comicios, se celebran cada cuatro años. No obstante, la realidad dice otra cosa. Hace falta una herramienta que pueda servir para obtener una medida real del descontento de fondo, profundo, sin la cual la fotografía que se obtiene sale desenfocada, borrosa y transmite una información incompleta. Es una tarea que, por otro lado y dada su indefinición, no puede ejercer el voto en blanco, el voto nulo o la abstención, además de no tener ningún tipo de efecto sobre el reparto de cuotas de poder. Es como sí en el Parlamento, a la hora de votar una ley presentada por el Gobierno, no fuera posible votar en contra o plantear una enmienda a la totalidad. O estás a favor, o tu opinión no queda reflejada en ninguna parte. Convendrán con nosotros que no sería justo. Dejar solo en una votación un gobierno con mayoría absoluta o llevar a cabo una moción de censura destinada al fracaso son herramientas, aparentemente inútiles, pero a las cuales se recurre a menudo para poner de manifiesto un desacuerdo frontal, de captar la atención de los medios de comunicación y de la sociedad en general, de ponerpresión sobre el gobierno para que reconsidere su postura. Este es precisamente el papel que nosotros entendemos que podrían jugar los escaños vacíos. Hoy endía, no paramos de escuchar que tenemos que asumir sacrificios y renuncias que desemboquen en un bien colectivo, y que tenemos que enfrentarnos en la crisis de forma constructiva, aceptándola como una oportunidad para reinventarnos. Esto es precisamente lo que les estamos pidiendo, que dejen de lado su comodidad y se cuestionen con honestidad si un Parlament con sillas vacías les obligaría o no a replantearse con más profundidad su trabajo, que interpreten los escaños vacíos como un estímulo para mejorar y no como un castigo. No son pocas las voces cualificadas que insisten en que la crisis que sufrimos no es tan sólo económica, sino que en gran medida es política.
3. La imagen democrática de Cataluña saldría reforzada. La catalana se colocaría en la vanguardia de las leyes electorales en todo el mundo, convirtiéndose en pionera a la hora de reconocer y garantizar el derecho a la no representación como forma democrática de expresar y canalizar el rechazo y la frustración ante ciertas prácticas políticas generalizadas. Aconteceríamos en un referente que, a buen seguro, pronto animaría e inspiraría a otros muchos ciudadanos que querrían reformar sus sistemas en la misma línea.
4. Podría suponer una forma de ahorro. Por cada escaño vacío, el ahorro anual seria, como mínimo, de unos 60.000 € (240.000 € en toda la legislatura). Es evidente que con este dinero no saldríamos de la crisis, pero no es menos cierto que ofrecerían la oportunidadde destinar, de forma transparente y clara, una cantidad equivalente a otras partidas del presupuesto (con 60.000 € se puede equipar con pizarras digitales todo un instituto, se pueden realizar varias decenas de intervenciones quirúrgicas ambulatorias o se pueden conceder centenares de becas de comedor para niños).

Nuestra experiencia con la consecución de las primeras sillas vacías de la democracia, obtenidas en las elecciones municipales de mayo de 2011 en Foixà y Gironella, nos han demostrado por un lado nuestra utilidad social, haciendo visible y denunciable en forma de sillas vacías la falta de confianza en las candidaturas presentadas, a la vez que hemos podido comprobar que, donde existe la posibilidad de hacer visible el voto en blanco, la participación ciudadana ha aumentado notablemente.

Esta experiencia nos da fuerza para pediros que, sea qué sea el contenido de la Ley electoral de Catalunya, incorpore la figura del Voto en Blanco específico representado, los resultados del cual serían visibles en forma de escaños o concejalías vacía/os.

Si esta comisión decide no incluir esta medida en la nueva ley, Escaños en Blanco-Escons en Blanc seguirá luchando de forma limpia y democrática en las urnas para dar a la ciudadanía la oportunidad de votar una opción que no tomará posesión de ningún cargo ni supondrá ningún gasto público en todos aquellos cargos electos que nos quieran conceder. Tal y cómo repercutiría el voto en blanco representado si fuera recogido dentro de la ley electoral

Al mismo tiempo, queremos hacer un llamamiento a los partidos que apoyen nuestra propuesta para que, en el caso de no ser recogida por la ley, hagan posible de facto la posibilidad de votar Escaños en Blanco con las consecuencias ya mencionadas dando su aval a través de sus cargos electos para que nuestra lista pueda concurrir a las elecciones europeas, como recoge la LOREG, aportando el aval de 50 cargos electos.

Nuestra propuesta es abierta y en este sentido les exhortamos a consultar los especialistas en la materia para considerar la mejor forma de incluir la representatividad del voto en blanco en la ley electoral. Pero a la vez es una propuesta universal, dirigida a reconocer un nuevo derecho democrático en las legislaciones electorales de todo el mundo para que los electores de todas las democracias tengan la oportunidad de mejorar sus sistemas democráticos a través de la presión para conseguir un mayor compromiso ético de los partidos políticos hacia la ciudadanía mediante una herramienta de higiene democrática cómo es el voto en blanco representado.

Atentamente, nos despedimos con la esperanza de haber contribuido con esta comparecencia a aportar nuestro grano de arena para mejorar la democracia en la que vivimos, herencia del esfuerzo, el sufrimiento y la lucha de todos aquellos que nos precedieron en la consolidación de unos valores básicos para nuestra civilización.

Asamblea de Escaños en Blanco de Cataluña.

En Barcelona, 1 de julio de 2013

Ley Electoral

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