Derribando embalses en España: ¿vandalismo o negocio?

En España, la sequía no parece ya un mero hecho coyuntural, sino una auténtica dinámica imparable. Un 15% de la península está en situación de emergencia y un 28,4% en nivel de alerta y prealerta.

A pesar de ello, según datos oficiales europeos, nuestro país ha demolido 256 presas en dos años, con las reservas de los embalses al 51,5%. Si cada vez tenemos menos agua, parece legítimo preguntarse: ¿qué hacemos derribando embalses?

España encabeza el número de presas derribadas en Europa

¿Qué hay de verdad y relevante en el derrumbe de presas, que se ha convertido en la enésima lucha ideológica, con bulos y mentiras provenientes de ambos extremos del espectro político?

Vayamos con datos relevantes.

Es cierto que España encabeza las listas de demolición de presas en Europa, pero también que se trata del tercer país de la UE con más presas (solo por detrás de Alemania y Suiza). Dicho esto, entre 2021 y 2022 se derribaron 256 presas en España, casi el 50% de toda Europa (en Alemania y Suiza, en comparación, se derribaron 5 y 1). Aunque la cifra resulte abrumadora, casi la totalidad de las presas derribadas eran azudes y pequeños muros de dos metros.

fuente: damremoval.eu

El derribo de presas responde a una directiva europea en el ámbito de la política de aguas inscrita en la Agenda 2030. El propósito es preservar la fauna, flora y la biodiversidad, y asegurar la libre circulación de salmones, esturiones y otras especies. 

La presa de Yecla de Yeltes (Salamanca) ya es historia, como la Presa do Inferno de Pontevedra y la presa Hozseca (Guadalajara). La demolición de la presa de Los Toranes (Teruel) fue disputada por los vecinos, que reivindicaron su aporte de agua para el regadío, la lucha contra incendios y su atractivo turístico. A día de hoy, la propuesta de declaración como Bien de Interés Cultural, fomentada por los vecinos para su protección, fue rechazada por las Cortes Aragonesas y en sentencia del Tribunal Superior de Justicia se ordena su demolición. Sentencia que aún puede ser recurrida. 

Críticas y Aplausos

En un país en pleno proceso de desertificación, que acumula casi la mitad de todas las presas derribadas de la UE, no faltan quienes se preguntan si las medidas de preservación del hábitat no son solamente ideológicas y un completo desatino con consecuencias potencialmente catastróficas, además de un gasto superfluo. 

Estado embalses cuencas hidrográficas a enero 2024

Estado de los embalses de las distintas cuencas hidrográficas españolas a enero de 2024. Fuente: embalses.net

Las cuencas del Guadalquivir y del Guadiana están al 32,1% y al 21% respectivamente, llegando Murcia, Cataluña y el sur de Andalucía a situaciones críticas por debajo de 20% con restricciones en el agua de boca. Y lo más importante, según la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultoreslos embalses cuyo fin es el consumo humano y la agricultura se encuentran al 43,3%.

La Iglesia sumergida de Sant Romà de Sau, sumergida 25 metros desde 1962, emerge del pantano en 2022 a causa de la sequía.

Aplausos a la gestión del gobierno

Según Rafael Seiz, responsable del área de Agua de la WWF, el 99% de las presas eliminadas en España “no tenía función de abastecimiento. Tampoco para regantes. La mayoría son azudes o pequeñas presas y suponen un porcentaje muy pequeño en comparación con todo lo que hay.”

Seiz argumenta también a favor de los beneficios económicos de desmantelar infraestructuras de pequeño tamaño, cuyo mantenimiento es más costoso que su desmantelamiento. Y añade, junto a otros expertos, que las presas derruidas habían quedado obsoletas (las concesiones son de 75 años, según la ley de 1985).

Críticas a la gestión del gobierno

Los detractores de Seiz indican que muchas de las presas no había quedado obsoletas en el sentido de anticuadas o defectuosas, sino que las presas derruidas seguían siendo plenamente funcionales y necesarias para el abastecimiento, dando a entender que las concesiones podrían haberse renovado.

Francisco Flores, vicepresidente de la Sociedad Española de Presas y Embalses, consideraba el proyecto de demolición “una auténtica barbaridad”

La presa de Valdecaballeros, en Extremadura, ha dado mucho de qué hablar. Su concesión había caducado y fue salvada de la demolición por movilización ciudadana. Francisco Flores, vicepresidente de la Sociedad Española de Presas y Embalses, consideraba el proyecto de demolición “una auténtica barbaridad”. Gregorio Rodríguez Dueñas, alcalde de Valdecaballeros, también criticaba los motivos legales del derrumbe:

Ese pantano lleva 40 años hecho y alrededor de ese embalse, y el ministerio dice que la Ley de Agua dice lo que dice y en cumplimiento de dicha ley hay que derribarlo, pero yo entiendo que las leyes son revisables y, cuando el embalse está siendo de utilidad pública, no entiendo el fin de derribarlo, teniendo en cuenta que costará millones”. 

Según la Sociedad Española de Presas y Embalses (SEPREM), “la administración tiene que analizar que, si el agua es buena, reducir la garantía de un abastecimiento no parece loable, y en España demoler presas y embalses es un acto de vandalismo”.

Una Europa para todos

Es la opinión de Víctor Viciedo, de SOS Rural, la mala gestión de los embalses puede deberse a la aplicación de un modelo europeo a escala española, donde no calza. Explica: “lo de que los ríos fluyan a lo mejor es muy fácil en Europa, pero España es seca y si no embalsamos el agua, en los periodos estivales no llega ni una gota de agua al Mediterráneo”.

Esto está ocasionando obras de la máxima seriedad, hechas a prisa y corriendo, que pueden pasarle una factura inasumible a las generaciones venideras. Se están tomando decisiones potencialmente gravísimas, sin ningún tipo de consulta ciudadana, sin Mesa del Agua, y sin oír las sugerencias de la Sociedad de Presas y Embalses.

En último análisis, el derribe de presas en España puede deberse a una medida más para obtener ayudas europeas, ajustándose a la normativa de la PAC, en lugar de pedir una mayor flexibilidad para ajustarse a la realidad medioambiental peninsular e ibérica.

Necesitamos embalsar el agua para que las personas beban, para que las personas coman y para generar energía limpia con los saltos de agua”, añade Viciedo. “La estupidez de todo esto es que necesitamos agua para el regadío y para generar energía y ¿lo que hace el Gobierno es destruir las presas para que el agua fluya y que los pececitos lleguen al mar? ¿Estamos locos?” 

Y ahora, el agua cotiza en bolsa

El agua comenzó a cotizar en bolsa en 2020, en un contexto de fuertes sequías en California, con la supuesta intención de asegurar a agricultores y ganaderos en períodos de escasez. 

La lógica era la siguiente: en épocas de sequía, el valor de los activos se dispara, y se compensa a las personas afectadas por la escasez. 

En otras palabras: a menos agua, más dinero.

El agua cotizó en enero de 2021, su primer mes, a 499.83 dólares, según datos de Bloomberg. Su valor se ha duplicado en dos años.

En estos momentos, el pantano de Cijara en Extremadura es del grupo Nestlé, Sierra Nevada es del grupo Danone, la Sierra de Guadarrama de Bezoya, la Serranía de Cuenca de Heineken.

En los últimos 10 años en España, hemos visto un 71% de incremento en el precio del agua. Y el consumo casi se ha duplicado en 20 años, de 1.454 millones de litros en 2000 a cerca de 2.800 millones de litros en 2021.

El debate está servido: agua, ¿bien común? 

Derribando embalses en España vandalismo o negocio

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