El tiempo que nos costó 300 millones de euros

Cuando todos pensábamos que las nuevas elecciones habían servido para poco más que restar del erario público otros 140 millones de euros y que parecía cada vez más complicada una salida al estancamiento institucional. Resignados a sufrir otro largo peregrinaje por los desiertos de nuevas e interminables negociaciones, con el panorama político anunciando una vuelta al bipartidismo, sustituyendo un partido nuevo por otro más nuevo.

Porque en el fondo ni los nuevos son tan nuevos, ni los viejos son tan íntegros

Cuando imaginábamos unas terceras elecciones no muy allá en el horizonte, con el polvo asentándose y con todas las agrupaciones preparándose para el enfrentamiento, porque así nos lo transmiten continuamente, surge de la nada lo milagroso. El tiempo perdido en negociaciones estériles solo ha servido para alimentar egos, nada distinto se nos presenta distinto al escenario que desembocó en repetición electoral.

Lo que hace unas semanas resultaba un suicidio se vuelve una necesidad y rápidamente, como por arte de magia los nuevos y los viejos partidos encuentran ese espacio en común para poder gobernar, ahora los auto proclamados progresistas emulando lo que ya hicieran los conservadores en mayo nos demuestran que si quieren no les cuesta mucho trabajo ponerse de acuerdo. Que si los intereses que se ponen en peligro son los suyos y no los del ciudadano, entonces sí hay que hacer lo que sea necesario para preservarlos.

El tiempo perdido del votante

En el fondo ni los nuevos son tan nuevos, ni los viejos son tan íntegros como para poner en peligro el estado de las cosas. Al final, los resortes que hacen moverse a unos y otros no son tan distintos como nos hacen creer desde su púlpito.

Seis meses y 300 millones de euros más tarde se ha tomado la misma decisión que por repudiada nos empujó a estas repeticiones electorales

La década que termina en unos meses comenzó con una crisis económica aún no cicatrizada que propició entre otras cosas, el grito de las nuevas generaciones reclamando una forma diferente de organizar democráticamente las sociedades del siglo XXI, de donde surgió el proyecto de Escaños en Blanco. Un proyecto cada vez más vigente y que con hechos como estas inservibles e innecesarias elecciones, se refuerza en su cometido ante aquéllos que dicen ser nuevos pero se comportan como los viejos, ante aquéllos que afirman ser maduros y que parecen más bien nuevos, a juzgar por sus actos.

Seis meses y 300 millones de euros más tarde se ha tomado la misma decisión que por repudiada nos empujó a estas repeticiones electorales. Seis meses han hecho falta para que de repente todos quieran ser parte de la solución, 300 millones de tiempo perdido para volver a constatar que los nuevos y los viejos solo reaccionan ante la posibilidad de perder la silla.

El tiempo perdido

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